Restauración
Que la mesa se llene por tu Instagram y no por una plataforma que se lleva el 30% de la comanda.
En restauración las redes tienen un efecto casi inmediato en caja, y también son donde más tiempo se pierde publicando cosas que no sirven. Después de trabajar el sector, la lista de lo que mueve reservas es más corta de lo que parece.
Funciona el vídeo corto de producto: el plato saliendo del pase, el corte, el emplatado, el humo. Es lo que genera hambre y lo que la gente comparte por privado, que es el mecanismo real por el que se decide dónde cenar el sábado. Funciona el ambiente —la sala llena un viernes, la barra en hora punta, la terraza al atardecer— porque vendes una experiencia y no solo comida. Y funcionan las personas: el cocinero, quien está en barra, el equipo. La gente vuelve a los sitios donde reconoce caras.
No funciona publicar la carta en PDF o en imagen, porque no se lee en móvil y no la indexa nadie. Tampoco las felicitaciones genéricas ni las frases sobre la pasión por la cocina. Y no funciona estar en cinco redes: dos bien llevadas rinden más que cinco abandonadas.
La otra mitad del trabajo casi nadie la hace: tu ficha de Google recibe más visitas que tu Instagram y es donde se decide la reserva. Fotos actuales, horarios correctos, carta enlazada y un sistema para pedir reseñas sin incomodar al cliente. Y construir base de clientes propia: cada reserva es un email, y con eso se llena un martes de noviembre sin pagar comisión a nadie.
La frecuencia realista son tres publicaciones semanales sostenidas todo el año, no publicar a diario durante un mes y desaparecer. En un restaurante eso solo se garantiza teniendo el contenido producido con antelación, que es exactamente lo que hacemos: una jornada de producción cada trimestre y el calendario resuelto.
Vamos a grabar y fotografiar en servicio real, no con banco de imágenes.
Contenido producido por adelantado para que la constancia no dependa del día a día.
Optimización y sistema de reseñas: es tu escaparate más visitado.
Respuesta a mensajes y reseñas, incluidas las malas.
Captura de email en reserva para poder llenar sin comisiones.
Reservas y consultas atribuidas, no solo alcance.
Revisamos tu presencia actual y la de tu competencia directa.
Definimos tono, pilares de contenido, formatos y calendario.
Creamos y programamos. Tú apruebas antes de que salga.
Informe mensual y ajuste de lo que no rinde.
Trabajamos con restauración en varias zonas, cada una con su propia dinámica de reservas y estacionalidad.
El vídeo corto de producto y de ambiente. Un plato saliendo del pase, la sala llena, la barra trabajando. Lo que se comparte por privado entre amigos es lo que acaba en reserva, y eso casi siempre es vídeo.
Sí, y es de lo primero que trabajamos: canal de pedido y reserva propio, base de clientes por email y contenido que empuja al canal directo. No desaparecen de un día para otro, pero el mix cambia y cada punto que recuperas es margen íntegro.
Sí, producción propia en tu local. Es la única manera de que el contenido se parezca a lo que el cliente se encuentra al entrar, y de que no se agote a las tres semanas.
Tres veces por semana sostenidas todo el año. Es mejor eso que publicar a diario un mes y desaparecer dos. La constancia es lo que construye el hábito de mirar tu perfil antes de decidir.
Se responden todas, rápido y sin defensiva. Una mala reseña bien contestada convence más que diez buenas, porque enseña cómo tratas un problema.
Revisamos redes, web, buscadores y email. Te entregamos un informe claro con qué funciona, qué te frena y qué haríamos primero. Sin compromiso.